DESAFÍO 100 – Día 27 – No vendas a todos: define mejor a quién va tu libro

desafio dia27

Seguimos con el DESAFÍO 100.

Durante 100 días estoy aplicando, una por una, las estrategias del libro 100 ideas comprobadas para vender más libros, poniéndolas en práctica y mostrando qué ocurre en el mundo real. Ideas para aplicar de forma práctica e inmediata. Cada día aplico una estrategia, cuento exactamente qué hacer y comparto lo que sucede después.

Hay una idea que muchos autores arrastran desde el principio, casi sin darse cuenta. Y es esta: cuanto más amplio sea el público al que apuntas, más posibilidades tendrás de vender. Suena lógico. Cuanta más gente, más oportunidades. Pero en la práctica, ocurre justo lo contrario.

Cuando un libro intenta hablarle a todo el mundo… termina no conectando con nadie en particular.

Y eso, aunque no siempre se vea a simple vista, tiene un impacto directo en todo lo demás. En cómo se escribe el libro, en cómo se presenta, en cómo se comunica y, por supuesto, en cómo se vende.

Para este día del desafío decidí centrarme en algo que parece básico, pero que muy pocos autores trabajan de verdad: definir con claridad a quién va dirigido el libro. No de forma genérica, no con etiquetas amplias, sino de una manera concreta, poniendo límites muy claros a los lectores que buscamos y a los que no queremos ver ni en fotografía.

Porque cuando haces esto bien, algo cambia.

Dejas de escribir para “lectores en general”… y empiezas a escribir para alguien. Y eso se nota en todo, en el tono, en las palabras que eliges, en los ejemplos que utilizas y en la forma en que planteas el problema.

Se nota incluso en cómo presentas el libro después.

En mi caso, lo que he ido viendo una y otra vez es que muchos autores no tienen un problema de contenido. Tienen un problema de enfoque. Saben lo que quieren decir, pero no tienen del todo claro a quién se lo están diciendo. Y cuando eso ocurre, el mensaje se diluye.

Porque no es lo mismo decir “este libro es para cualquiera que quiera mejorar” que decir “este libro es para personas que ya han intentado algo y no les funcionó”. No es lo mismo hablarle a todo el mundo que hablarle a alguien que se reconoce en lo que estás diciendo.

Y esa diferencia, aunque parezca sutil, es enorme.

Además, esto no solo afecta al contenido. Afecta a todo el ecosistema que construyes alrededor. A la portada, al título, a la descripción, al contenido A+ de Amazon, a los mensajes que envías, a los artículos que escribes, incluso a las estrategias que eliges.

Cuando sabes a quién hablas, todo se vuelve más claro, dejas de improvisar y de probar cosas al azar. Abandonas las generalidades y comienzas a afinar.

👉 cuanto más claro es tu mensaje, más fácil es que alguien diga: “esto es para mí”.

Y cuando eso pasa, la decisión se vuelve mucho más rápida porque ya no hay duda: hay reconocimiento. Lo interesante de esta estrategia es que no requiere cambiar todo lo que has hecho. A veces basta con ajustar el enfoque. Con revisar cómo estás describiendo tu libro, cómo lo estás presentando, qué palabras estás usando. Con pasar de lo genérico a lo concreto.

Porque muchas veces el libro no necesita ser distinto.

👉 necesita estar mejor dirigido.

Y cuando haces ese cambio, empiezas a notar algo muy claro. La gente que llega no es cualquiera. Es gente que encaja y que entiende, que conecta más rápido. Eso se traduce en algo muy concreto:

mejor respuesta,
más interés,
más conversión.

Al final, no se trata de vender más hablando más alto sino de vender mejor hablando más claro. Y para eso, necesitas saber exactamente a quién le estás hablando.

Javier Carbaial

P.D. Si sientes que tu libro no termina de conectar, quizá no sea un problema de contenido. Quizá sea que aún no has definido bien para quién es y para quién estás escribiendo.

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